Hay hijos cuya vocación coincide con la de la empresa de su padre y su deseo es integrarse a ella.
“Desde chico, me atrapó la actividad del campo. Yo lo acompañaba a papá en su camioneta, y lo ayudaba en todo”. (Juan M.)
Está aquel hijo a quien no le interesa integrarse porque cree que su camino es otro.
“Mi hermano acompañaba a papá al campo y yo me quedaba en la ciudad, donde tenía a mis amigos. Siempre me interesó el arte en todas sus expresiones”.
(Daniel M.)
Hay hijos que desean integrarse, pero no pueden hacerlo.
“Me habría gustado conocer de campo y que el viejo me llevara con él. Pero, cuando estuve en edad, las cosas andaban muy mal. El viejo estaba deprimido y decía que el campo no daría un buen futuro para nadie, así que siempre estuve apartado. Hoy, yo no tengo los conocimientos mínimos para hacerme un lugarcito…”.
(Marcelo M.)
A veces, hay diferencias entre los hijos a causa del género.
“Papá no concebía que una mujer pudiera trabajar a la par de un hombre. Siempre me dio los gustos y me compró lo necesario para vivir bien, pero me arrepiento de no haberme integrado al negocio familiar. Hoy, siento que hacer las cosas sola, sin una empresa como apoyo, hace que todo sea más difícil para mí. Y me da bronca que mi hermano goce, en definitiva, de todo lo que organizó papá”.
(Laura S.)
Hay jóvenes que no desean integrarse a la empresa, pero necesitan el apoyo de su familia para emprender su propio negocio.
“Mi vocación es la biología, pero tengo la presión del viejo por aprender los secretos de su negocio. Francamente, no me interesa, pero tampoco quiero desilusionarlo. Estoy frente a un dilema: ¿la vida que yo quiero o la vida que mi familia quiere para mí? Además, si no tengo su apoyo económico, me va a resultar muy difícil sobrevivir con mi vocación".
(Federico C.)